

Escrito por: María del Pilar Pineda
En: Temas de interés sobre seguros
Es usual encontrarnos una actitud tosca y fría en la mayoría de nuestros interlocutores, cuando el tema de conversación es sobre el Seguro de Vida. En muchos casos es inclusive un tema vetado porque, injustamente, se le atribuye algo así como un “mal augurio” o “de mala suerte” el sólo hecho de hablar sobre él.
Muchas veces me he preguntado cuál es la razón por la que un colombiano del común piensa primero en el seguro de su automóvil, y está dispuesto a pagar una cifra que en la mayoría y mejor de los casos oscila entre $1 millón y $2 millones, pero al asociar esta misma cifra a un Seguro de Vida inmediatamente se hace un ejercicio mental que da como resultado que se trata de una prima muy alta. ¿Acaso no tendría más valor nuestra propia vida que nuestro vehículo?
Y como ejercicio sencillo, invito a cada persona que lee este artículo a realizar una auto reflexión:
Esa es la razón por la que el nivel de aseguramiento en Vida en nuestro país esté por debajo del 5%, y muy por debajo del nivel de aseguramiento en un producto como el seguro de autos y la conclusión es sencilla, nuestra cultura es cortoplacista, y no da espacio a cuestionamientos de largo plazo.
Es más fácil quedarnos con lo que entendemos fácil y no complicarnos en cálculos futuristas. Y es paradógico, porque al pagar un seguro de autos siempre habrá la posibilidad de ocurrencia o no del evento cubierto (choque, robo, accidente), mientras que el Seguro de Vida cubre el único evento que tenemos todos seguros, que es la muerte.
Y tal vez sea el momento de empezar a modificar de alguna manera el lenguaje y no hablar más sobre Seguro de Vida, sino sobre un Plan de Protección de Ingresos, porque la verdad sea dicha, es la razón en sí misma del seguro proteger los ingresos propios (en caso de una invalidez) o de nuestros dependientes económicos (en caso de fallecimiento).
La invitación hoy es a reflexionar un poco alrededor de los beneficios y tranquilidad que nos brindará nuestro SEGURO DE VIDA, que se convertirá en ese compañero inseparable e incondicional, y que debemos invitar a hacer parte de nuestra vida cuando más saludables y plenos nos sentimos, porque una vez lo tengamos jamás, jamás nos abandonará.